La llamada “Ley Mickey Mouse” prorrogaba la protección de los derechos de autor de millones de obras célebres. Aprobada en 1998, esta ley permitía a editoriales y herederos mantener el control creativo y cobrar los royalties de muchos de los grandes creadores del siglo pasado.

Sin embargo, la protección de esta “Ley Mickey Mouse” llegó a su fin en 2019 suponiendo una nueva para muchos gigantes de la creatividad del siglo XX: desde principio de este año, los libros de autores famosos, desde Thomas Mann hasta Marcel Proust, Agatha Christie y D.H. Lawrence, así como “Los Diez Mandamientos” de Cecil B. DeMille, “El Peregrino” de Charlie Chaplin y las composiciones de Bela Bartok, serán de dominio público.

Miles de obras perdieron las protecciones legales que hasta ese momento las habían unido a las editoriales y herederas de royalties por derechos de autor y control creativo: un terremoto con profundas consecuencias para el mundo editorial porque permitió, entre otras cosas, crear nuevos trabajos basados ​​en los clásicos sin que los nuevos autores se conviertan en objeto de demandas por infracción de derechos de autor.

La ley fue bautizada por los escépticos “Ley de Protección de Mickey Mouse” o “Ley Mickey Mouse” porque se adoptó a través de las lobbying de Disney para mantener sus derechos de copyright hasta 2024 sobre “Steamboat Willie”, la primera película de Mickey Mouse. Esta, extendió, además de los derechos de Mickey Mouse, los términos de copyright de las obras publicadas entre 1923 y 1977, de 75 a 95 años después de su publicación; congelando así su propiedad.

A partir de la víspera del Año Nuevo de 2019, las cosas han empezado pues a cambiar: cada 1 de enero un nuevo grupo de clásicos se ha ido convirtiendo en patrimonio cultural común, haciendo que los frutos de la creatividad de autores como F. ​​Scott Fitzgerald, William Faulkner, Ernest Hemingway y Virginia Woolf estén así disponibles en pocos años. Una vez de dominio público, un libro podrá ser reproducido, impreso, producido como audiolibro o en edición digital en Amazon, por ejemplo, o incluso modificado como sucedió en 2002 con el best seller «Pride and Prejudice and Zombie» o adaptado para teatro o cine sin ser cuestionado por temas de derechos de autor.

Se abre pues una nueva era para los amantes de los clásicos y sus posibles interpretaciones modernas.