Para proteger una producción audiovisual, es muy importante tener en cuenta la variable, y en ocasiones muy compleja, cadena de cesiones de derechos de propiedad intelectual que su explotación económica implica.

El artículo 120.2 de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) define al productor de grabaciones audiovisuales como “la persona natural o jurídica que tenga la iniciativa y asuma la responsabilidad de dicha grabación audiovisual.” Es importante tener en cuenta que no todas las grabaciones audiovisuales tienen carácter de obra mientras que toda obra audiovisual es una grabación audiovisual. En este artículo haremos referencia a las obras audiovisuales, es decir, a creaciones originales que incorporan la impronta de su autor.

El mismo texto legal en su artículo 88, presume cedidos al formalizar el contrato de producción los derechos de explotación de reproducción, comunicación pública, distribución, doblaje y subtitulado de la obra audiovisual de los autores al productor, de tal modo que este último a través de esta presunción jurídica, y desde el momento en que firme el contrato de producción con los autores, ostentará de manera automática la titularidad de los citados derechos.

Sin embargo, no ocurre lo mismo para el derecho de puesta a disposición del público de copias ni para la comunicación pública por radiodifusión, dejándolo la normativa a decisión contractual. En este sentido y para proteger la producción audiovisual, es muy importante que en el contrato de producción se especifiquen claramente los derechos de explotación de los autores cedidos al productor para que, a su vez, el productor pueda ceder la obra a los sucesivos explotadores, formando así la cadena de derechos necesaria para la explotación económica de la producción audiovisual.

¿Cómo puedo registrar mi proyecto audiovisual?

En primer lugar, es necesario tener en cuenta que el registro de obras sujetas a derechos de propiedad intelectual es voluntario. Es decir, el nacimiento de los derechos no depende de la inscripción o no de la obra, es el titular de los derechos quien decide cómo, cuándo y si quiere o no registrarlos. Es importante tener en cuenta, por lo tanto, que el hecho de registrar una obra es un medio de prueba de la titularidad de tus derechos, pero no un mecanismo de control de infracciones sobre los mismos.

Existen diferentes formas de registrar una obra. El más conocido es el Registro General de la Propiedad Intelectual, un mecanismo administrativo único en todo el territorio nacional en el que los titulares de derechos sobre obras protegidas por propiedad intelectual pueden inscribir sus obras, tanto personal como telemáticamente, para la protección de sus derechos.

La revolución que ha supuesto internet a la hora de crear, producir o distribuir ha conllevado no solo a replantear el concepto de propiedad intelectual sino también a la aparición de nuevos sistemas de registros, más ajustados a la nueva realidad que la implantación de la era digital en nuestra vida diaria supone.

Así nace la existencia de registros privado a través del cuales los titulares de derechos pueden depositar obras de propiedad intelectual en formato digital, permitiéndoles asociar a cada obra licencias o contratos predefinidos para su uso, como son las licencias Creative Commons o la Licencia Pública General GNU. Ejemplos de este tipo de registros son Safe Creative, Re-Crea, Registered Commons o Copyright.es.

Otro modo de registro de una obra es el registro ante notario, si bien es importante tener en cuenta, que es un acto el en que el notario da fe de la fecha y persona que realiza el depósito, no de la titularidad de los derechos.

Por último, las entidades de gestión colectiva también cuentan con un sistema de registro de obras como ocurre con el caso de EGEDA, entidad de gestión de productores audiovisuales o de DAMA que gestiona y protege los derechos de los autores de las obras audiovisuales.

Tipos de licencias para proteger proyectos audiovisuales

Mediante el otorgamiento de una licencia, los titulares de derechos autorizan a terceros el derecho a usar la obra bajo los términos y condiciones en ella establecidos. Las licencias suponen, por lo tanto, una declaración contractual sobre los usos autorizados de las obras.

Ante la falta de licencias sobre una obra audiovisual, la LPI considera por defecto que estarán “todos los derechos reservados”. Esto implica que no se podrá reproducir, transformar, distribuir o comunicar al público la obra por terceros sin obtener previamente permiso expreso y por escrito de los titulares de sus derechos de explotación.

En caso de que se desee realizar una licencia sobre la obra, es conveniente hacerla en todo caso por escrito y especificando no sólo los derechos de explotación cedidos sino también las modalidades de explotación, territorio que abarca la licencia, soporte y duración de la cesión.

En el caso de que lo que queramos otorgar sea una licencia libre debemos especificar a qué licencia está sujeta la obra, así como las características de la misma, en el propio soporte de la obra o en los medios a través de los cuales se difunde.

Existen diversos tipos de licencias abiertas como son las Creative Commons, ColorIURIS o las licencia Arte Libre, por ejemplo.

¿Cómo puedo demostrar mi autoría en caso de plagio?

Los autores de una obra audiovisual son el director-realizador, los autores del argumento, la adaptación y el guion o los diálogos y los autores de las composiciones musicales creadas especialmente para la obra audiovisual.

Todos ellos cuentan con derechos de autor sobre las obras audiovisuales que se dividen en derechos morales, intransmisibles e inalienables y derechos de explotación que, y como hemos abordado con anterioridad, se encontrarán cedidos en gran extensión al productor de la obra audiovisual.

A efectos de demostrar la autoría de una obra audiovisual resulta muy conveniente que la obra se encuentre inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual o cualquier otro registro de los que hemos mencionado con anterioridad.

 

Letslaw

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