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Cómo negociar un earn-out sin destruir la relación entre comprador y vendedor

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Cómo negociar un earn-out

Cómo negociar un earn-out sin destruir la relación entre comprador y vendedor

Negociar un earn-out es, probablemente, uno de los ejercicios más delicados en una compraventa de empresa. Para el comprador es una forma de protegerse si el negocio no rinde como se esperaba. Para el vendedor es el mecanismo que garantiza que se le retribuirá por el verdadero potencial de lo que ha construido.

El reto es que ambos intereses, aunque legítimos, suelen tensionarse. Por eso, un earn-out mal diseñado puede arruinar la relación entre las partes apenas unas semanas después del closing. La clave está en estructurarlo de forma que sea técnicamente estable.

El origen del conflicto

Los problemas en un earn-out rara vez nacen del propio mecanismo, sino de lo que ocurre después del cierre. El comprador, lógicamente, quiere gestionar la empresa conforme a su propio criterio y a la estrategia que tiene para la integración. El vendedor, por su parte, teme que esos cambios terminen afectando a los objetivos sobre los que depende su cobro futuro. Entre ambos suele aparecer una sospecha silenciosa, la sensación de que la otra parte podría influir en los resultados del earn-out en beneficio propio.

Esa desconfianza, si no se aborda y neutraliza durante la negociación, vuelve más adelante en forma amplificada, convirtiendo cualquier decisión de gestión en un posible desencadenante de conflicto.

Cómo plantear un earn-out que construya confianza

Un earn-out solo funciona si se apoya en objetivos que ambas partes puedan entender de inmediato y que no requieran interpretaciones contables complejas. El primer paso es elegir métricas claras, simples y verificables: ingresos netos, EBITDA o indicadores operativos muy concretos. Cuando la fórmula necesita una explicación adicional para comprenderse, deja de ser un buen objetivo para un earn-out.

También es esencial acordar desde el principio cómo se gestionará la empresa durante el período en el que el earn-out esté vigente. El comprador debe conservar su capacidad para tomar decisiones estratégicas, pero el vendedor necesita la seguridad de que esos cambios no alterarán artificialmente los resultados sobre los que depende su retribución futura.

La clave no es limitar al comprador, sino establecer un marco común de actuación, qué decisiones pueden afectar de forma sustancial al negocio, cómo se comunicarán y qué nivel de previsibilidad se compromete cada parte a mantener. Cuando esto se deja claro, desaparece la sensación de que las reglas del juego pueden cambiarse a mitad del partido.

La transparencia es otro pilar fundamental. El vendedor no debe convertirse en un auditor en la sombra, pero sí necesita una visibilidad razonable sobre el avance del negocio y la evolución de los objetivos pactados. Informes periódicos, reuniones de seguimiento y un canal claro para plantear dudas permiten evitar fricciones y reducen las suspicacias que suelen surgir cuando la información llega tarde o llega incompleta.

Es igualmente importante anticipar cómo se resolverán las discrepancias técnicas que puedan aparecer. La experiencia demuestra que casi siempre surgen diferencias en la interpretación de los datos, por lo que conviene acordar de antemano quién tendrá la última palabra y bajo qué procedimiento. Recurrir a un experto independiente aporta neutralidad y evita que una discusión técnica termine erosionando la relación personal entre las partes.

Los objetivos del earn-out deben ser razonables. Cuando se fijan metas excesivamente ambiciosas o desconectadas de la realidad del negocio, lo único que se consigue es frustración y sensación de engaño. Un buen earn-out se apoya en cifras verosímiles, alineadas con la evolución prevista tras la adquisición y diseñadas para permitir un cumplimiento gradual, no una lógica de “todo o nada”, que solo genera tensión.

Por último, cuando el vendedor permanece en la compañía durante el período del earn-out, es imprescindible alinear incentivos. El earn-out no puede ser su única motivación. Resulta más sano combinarlo con un esquema de bonus, un reconocimiento claro en la estructura o un rol bien definido durante la transición. Cuando ambas partes sienten que avanzan hacia un objetivo compartido, cada decisión de gestión deja de percibirse como una amenaza y se convierte en un paso más hacia el éxito de la operación.

Transacción del negocio más segura

Un earn-out bien estructurado no solo reduce el riesgo de conflicto tras la compraventa, también se convierte en un mecanismo que refuerza la confianza entre comprador y vendedor y permite que la transición del negocio sea más estable y previsible. Su eficacia no depende de acumular cláusulas ni de crear un marco de control excesivo, sino de construir un acuerdo basado en objetivos claros, información accesible y un sistema de gestión que ambas partes perciban como equilibrado.

Cuando existe transparencia y un procedimiento neutral para resolver dudas o diferencias técnicas, el earn-out deja de ser una herramienta defensiva y pasa a funcionar como un puente entre las expectativas del vendedor y la visión del comprador. En última instancia, su valor radica precisamente en eso, en alinear intereses y preservar la relación entre quienes, durante un tiempo, seguirán compartiendo responsabilidad sobre el futuro del negocio.

Si te estás planteando una operación y quieres que el earn-out sea una ayuda y no un quebradero de cabeza, podemos ayudarte a darle forma con calma y con criterio para que ambas partes queden tranquilas desde el primer día.

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