El código de conducta de una empresa consiste en la declaración pública escrita y formal de los valores y estándares éticos que acompañan a dicha organización. Este tipo de guías ayudan a establecer la hoja de ruta que determina los estándares en relación a materias como responsabilidad social, medioambiental o derechos fundamentales, sobre los cuales deben basarse la toma de decisiones de la compañía dentro de su sector de actividad.

¿Qué es un código de conducta de empresa?

El código de conducta es una herramienta que las empresas utilizan para gestionar los estándares de comportamiento y conducta a seguir por sus miembros y respecto a terceros. Mediante la redacción de este código la empresa se impone una autorregulación en materias relacionadas con su comportamiento y conducta.

Por lo general, un código de conducta estará compuesto por una serie de políticas a seguir por la compañía en relación a las siguientes temáticas:

  • Una política de responsabilidad corporativa
  • Una política de gestión de conflicto de interés y operaciones vinculadas
  • Buenas prácticas tributarias, donde deben introducirse la normativa internacional que exige la legislación anticorrupción
  • Una política sobre comportamiento ético y responsabilidad
  • La determinación de las obligaciones respecto de prácticas fraudulentas o poco éticas
  • Una política de compromiso con los grupos de interés
  • La habilitación de un canal de denuncias a través del cual todos los miembros adheridos al Código de Conducta pueden notificar cualquier posible incumplimiento de las políticas establecidas por la empresa y de la legislación vigente.

Razones para implantarlo

Las principales ventajas de contar con un Código de Conducta se centran en que permite eliminar las ambigüedades en relación a comportamientos relacionados con la ética, generando una mayor confianza y credibilidad de los clientes, los propios empleados y accionistas o los proveedores y distribuidores de la compañía. La consecuencia directa de la existencia de este incremento de confianza en la empresa conlleva la mejora de la reputación empresarial.

A partir de la introducción de la responsabilidad penal de las personas jurídicas a través de la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, la publicación de códigos de conducta por las empresas se ha generalizado.
Esta tendencia no ha hecho más que generalizarse tras la reforma del Código Penal la regulación de la responsabilidad penal de las personas jurídicas en relación a la regulación de la responsabilidad penal de las personas jurídicas, aprobada por la Ley Orgánica 1/2015 de 30 de marzo de 2015, que pasó a introducir la exoneración de responsabilidad penal de las personas jurídicas en caso de existir una implantación de programas de prevención de delitos, como los Códigos de Conducta o los Compliance.

Actualmente los códigos de conducta son el pilar sobre el que las empresas construyen sus sistemas de prevención de delitos y cumplimiento normativo o “compliance”.

Por lo tanto, el hecho de contar con un código de conducta en una empresa puede, además de reportar una importante mejora de la reputación corporativa, resultar de relevancia penal ante cualquier conflicto. Según el Código Penal el hecho de que la empresa cuente con un sistema de prevención de delitos podrá valorarse como un atenuante o eximente de responsabilidad penal de la persona jurídica.

¿Todas las empresas necesitan implantar un código de conducta?

La implantación de códigos de conducta en las organizaciones tiene carácter voluntario por lo que una entidad sólo quedará obligada por su compromiso de aplicarlo en caso de que decida implementarlo.

Sin embargo y pese a no ser obligatorio, la implantación de un código de conducta es una opción siempre recomendable, no sólo porque permite plasmar la visión y valores de la empresa, sino que constituye una importante herramienta a la hora de gestionar los riesgos a los que la organización se expone y, por consiguiente, detectar posibles irregularidades y prevenir la comisión de delitos.

Es posible pensar que este tipo de herramientas están más pensadas para grandes organizaciones en las que su amplia estructura hace necesaria la existencia de este tipo de gestión, no necesaria en empresas de menor tamaño.

Sin embargo, la implementación de un código de conducta también puede resultar muy interesante para controlar la actividad de los empleados de una empresa de pequeño tamaño.

En todo caso y sea cual sea el tamaño de la empresa o sector en el que lleve a cabo su actividad, la implantación de un código de conducta protege legalmente a las empresas.

Implantar un Código de conducta o un “Compliance” puede resultar un atenuante de la responsabilidad penal e incluso llegar a ser un eximente de las responsabilidades de la empresa que puedan derivarse por delitos cometidos por cualquier miembro de la misma.

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En Letslaw somos especialistas en la prestación de asesoramiento jurídico y ejecución de planes para la implantación de modelos de prevención de delitos en las organizaciones, tales como códigos de conducta y Compliance.

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