Atrás queda aquella época en donde los contenidos audiovisuales de acceso gratuito parecía que nunca iban a poder combatirse. Las medidas legales que se acordaban para buscar una solución siempre iban por detrás y las medidas técnicas podían suponer acabar con la naturaleza de la propia red.

Al final, el avance hacía una solución ha pasado por el propio mercado. Y es que gracias al avance las conexiones de internet de los últimos años, se ha conseguido abandonar la práctica de la descarga para abrazar el consumo de los contenidos de manera online.  Siendo la facilidad la característica que ha supuesto la clave del éxito de las plataformas de streaming.

Podemos definir el streaming como:

La tecnología que permite reproducir contenido audiovisual a través de internet, sin necesidad de descargar ningún tipo de archivo en el dispositivo en el que se reproduzca, es decir, completamente online,

El streaming ha venido abanderado sobre todo por las empresas Spotify y Netflix. Gracias a estas plataformas, la forma de consumir contenidos es más fácil que nunca y los consumidores aceptan las cuotas del servicio debido a su competitividad y a la comodidad que supone el acceso a contenidos.

Sin embargo, a día de hoy en materia de legislación es necesario regular este mercado, el cual está apoyado en demasiados acuerdos específicos. De hecho, se está trabajando hacía el mercado único digital a través de la propuesta sobre el suministro de contenidos digitales, buscando con ello la modificación de la Directiva 2010/13 UE sobre los servicios de comunicación audiovisual, actualizando con ello los aspectos jurídicos que afectan al sector.

A través de esta nueva propuesta se busca crear un código de conducta para poder regular los aspectos grises que existen en el sector y, además, reforzar la posición de la autoridad reguladora audiovisual, en especial del Grupo de Reguladores Europeo para los Servicios de Medios Audiovisuales (ERGA), al dotarles de la potestad de control sobre los códigos de conducta, y del asesoramiento sobre esta materia ante la Comisión Europea.

Por tanto, el objetivo es claro: un mayor control sobre las cláusulas abusivas y combatir la falta de transparencia en las relaciones entre los operadores, siendo prioritario regular los acuerdos en los servicios de streaming, para evitar acuerdos de ingresos entre los propietarios de los derechos y las plataformas que puedan volver a desequilibrar el mercado.

Y de ahí surge uno de los principales problemas del sector, el cual no surge ya del lado del consumidor, sino de la remuneración de los artistas.

El problema con los artistas tiene origen en la confusión en el reparto de los ingresos, existiendo acuerdos muy diferentes entre sí, sin unas reglas mínimas, normalmente secretos y casi siempre perjudicando al artista. Los sellos generalmente reciben un 55-60% de los ingresos asignados a sus catálogos mientras que los editores reciben del orden de un 10-15%. Añadiendo a ello los servicios de streaming, que tratan de retener un 30%.

Con la llegada de las plataformas streaming se dificultan aún más el reparto de ingresos, al ser un tercero en la relación entre artistas y discográficas. Para ello, también es necesario que las plataformas de servicios de streaming puedan tener relaciones de licencia separadas de las compañías discográficas y editores de música para poder operar.

A parte del arreglo de ingresos principales, los propietarios de derechos normalmente buscan minimizar su riesgo haciendo que el servicio de streaming pague tarifas mínimas, por ejemplo, por reproducción, para garantizar cierto ingreso basado en el consumo, ignorando los ingresos del servicio. De hecho, los propietarios de los derechos han normalizado la práctica de demandar pagos anticipados a los servicios de streaming, mientras que los sellos buscan equidad en servicios startup y otras comisiones. Por tanto, nos encontramos ante una situación en donde los artistas siguen recibiendo los mismos ingresos, ajenos al éxito del streaming, ya que estas plataformas no contactan directamente con el artista, sino con la discográfica.

Por tanto, pese a que el propio mercado ha resuelto el problema del consumo, aún existen demasiados interrogantes en el sector, dado que las discográficas no han cambiado su manera de gestionar los contenidos (la aparición de plataformas streaming no parece haberles cambiado su modus operandi)

Se espera que la futura regulación pueda abordar estas dificultades para tratar de unificar las relaciones en el sector.